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sábado, 8 de octubre de 2011

El Peronismo y los Intelectuales. Una relación incomoda e inclusiva.

Por Ramiro Ledesma
 
El surgimiento del peronismo como movimiento político en la década del 40, produjo infinitas lecturas y escrituras en el universo de las ciencias sociales. La interpretación de semejante fenómeno político, tuvo diversas variantes. El abanico de dichas interpretaciones se desplaza desde, un sistema de poder hegemónico, autoritario, con un fuerte personalismo, con un líder carismático, paternalista y manipulador de masas, manejando a su antojo y conveniencia los recursos del Estado, y enfrentándose a los sectores tradicionales y conservadores de la sociedad (entendiéndose por tal, a la Iglesia, a los sectores pudientes de la producción agropecuaria, y también parte del ejercito)  que hasta ese momento detentaban el poder; en el otro extrema, se ha escrito que el Peronismo representó una forma de gobierno, en ejercicio del poder democrático, legitimado socialmente, esto como producto de políticas implementadas y direccionadas hacia los sectores populares, que hasta ese momento habían sido los menos favorecidos, con una fuerte determinación a reconocer y poner en práctica derechos laborales y sociales, lo  que a su vez  produjo una gran movilización social a nivel de estructuras, acompañado todo esto de un fuerte impulso a la industria nacional mediante la sustitución de importaciones. En ambas, y extremas interpretaciones, con matices en el medio, está implícita la relación que el peronismo estableció con los sectores de de la educación y el pensamiento nacional.
En un marco más general, y como respuesta a las políticas públicas implementadas desde los gobiernos peronistas, desde determinados espacios político, y de la prensa,  conjuntamente con los sectores económicos más concentrados, se quiso instalar en la sociedad la incapacidad del peronismo de apuntalar políticas que tengan que ver con la educación y formación de la población. Dicha afirmación provino de los sectores más conservadores, lo que dio lugar a la famosa frase que, para el peronismo  la prioridad era “alpargatas si, libros no”. El tema es que ya pasó más de 60 años y esas palabras siguen impregnando  el discurso en todos los niveles,  sin que se tenga en cuenta el proceso histórico y el transcurrir de los hechos en la vida politica. Obvio que esta afirmación, provino y se instalo, de acuerdo a la conveniencia de grupos oponente al peronismo. La revisión de los hechos nos marca que a nivel de política educativa, las medidas tomadas en el primer y segundo gobierno de perón, fueron totalmente contundentes para ese momento. En su libro Los Mitos de la Historia Argentina 4. La Argentina Peronista (1943-1955), Felipe Pigna los describe claramente.
Pero vayamos específicamente a lo que respecta el titulo de este artículo, y para eso habría que plantearse dos interrogantes: ¿Quiénes fueron los intelectuales que apoyaron a los gobiernos peronistas? y ¿Que marco discursivo los unía, y que los llevaba a apoyar al gobierno? No hay dudas, y así lo señala la historia, el peronismo se nutrió de pensadores de mucho peso, que marcaron su impronta en el pensamiento nacional, y que a la vez excedieron al propio universo del  peronismo. Para tirar algunos nombres, Escalabran Ortiz, los santiagueños Homero Mansi y Ramón Carrillo, Arturo Jauretche, Rodolfo Puigros, Juan José Hernández Arregui, el colorado Abelardo Ramos, Jorge Taiana, John William Cooke, Rodolfo Walsh, Juan Gelman, Ortega Peña, los contemporáneos Horacio Gonzales, José Pablo Feinnman, Ricardo Forster, entre otros. Esta gente apoyo al Peronismo (peronismo, que en este contexto quiere decir mas allá de Perón) de acuerdo al momento,  desde diferentes posiciones y con puntos conflictivos en el medio, pero, apoyaron al fin. En su comienzo fue el nacimiento de un movimiento que incluía los reclamos de socialista, comunistas, radicales Irigoyenistas, y nacionalistas, lo que sedujo a determinados pensadores. En los 60 y 70 fueron los movimientos de liberación nacional, que veían en el peronismo una fuerza política capaz de ponerle freno a los intentos avasalladores de las potencias mundiales.
La relación que se estableció entre los intelectuales no fue una relación cómoda, ni menos lineal, la manera en que se termina distanciando Jauretche, y el propio John William Cooke, así lo demuestran. Hasta uno podría pensar que es lógico ese vínculo medio difuso, delgado, teniendo en cuenta sus posturas críticas ante determinados hechos.  Lo concreto es que esa relación, por más que sea medio conflictiva, termina formando parte de un todo. En su último libro, El Flaco, José Pablo Feinnman, describe esta tipo de relación con Néstor Kirchner.
Por mas incomoda que haya sido este tipo de relación, termina siendo un vinculo inclusivo, saludable, que ayuda al debate, a la reflexión, y a clarificar el momento y la coyuntura histórica e ideológica  en que vivimos.
Esta en uno, y en su convencimiento, formar parte de ese todo.

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