Hace poco tiempo un amigo me decía “No veo la hora de que llegue Octubre para votar a Cristina”. La realidad política actual, enmarca a este comentario en un cambio profundo de paradigma, el de la inclusión social. Si pensamos en inclusión, no sólo debemos pensar en los aspectos económicos de la misma, sino también en los aspectos culturales, políticos y sociales, y si hay algo de lo que se puede jactar al kirchnerismo, es justamente de eso, de su aspecto inclusivo.
La organización partidocrática del peronismo, incluía como una de sus ramas a la Juventud. Y no era casual. Pensar en el sostenimiento de un modelo de Estado, requiere un profundo cambio cultural, impulsado desde lo político y afianzado en un modelo económico igualitario. El porvenir de ese modelo de Estado, depende de la superación de las barreras generacionales para asegurar una continuidad en las luchas que generan logros populares, y es justamente la juventud la que será parte de ese trasvasamiento generacional, y por ende, el modelo depende de un fuerte sentido de pertenencia.
La nefasta historia Argentina, mostró gobiernos pendulares entre golpes militares y gobiernos civiles, pero fue el golpe militar del 76 el que provocó un quiebre definitivo en la forma que asumió el Estado. En este nuevo modelo neoliberal, la juventud no era herramienta de transformación, pues a la misma se llegó por medio del terror, de la exclusión política y de la muerte. El nuevo modelo instaurado, no necesita más que agentes económicos desprovistos de iniciativa política, pues esa iniciativa siempre es tomado en función de los intereses económicos. De esta manera el 78% de los desaparecidos en la dictadura tenían entre 15 y 34 años. Evidentemente no es un dato menor. Toda la juventud que vivió durante la década del 70 o fue aniquilada o fue postergada en el sistema político hasta pasarlos al exilio exterior, o al exilio interior.
Los 90 fueron una década infame para la política. Utilizar “esa” palabra era sinónimo de corrupción o mentira. Las organizaciones sociales que surgieron al contexto de las políticas neoliberales, no fueron inducidas como parte del modelo político, sino como reacción al modelo económico.
El 2003 abrió un nuevo capítulo en la historia de nuestro país. Una concepción de Estado Nacional y Popular embebió al nuevo gobierno. La posibilidad de recuperar el espacio cultural, político y social perdido por los sectores populares, comenzó a ser una realidad. Y los jóvenes supieron leer este nuevo espacio.
Al asumir la presidencia Néstor los sectores concentrados de poder, que vieron como su candidato huía de la segunda vuelta electoral, comenzaron a atacar a quien veían como un enemigo de sus intereses. La inestabilidad política era vendida al son del poco porcentaje alcanzado en las presidenciales por Kirchner y por la escases de Diputados que respondían al entonces presidente de la Nación. Pero rápidamente el presidente comenzó a acumular respaldo popular a la luz de sus acciones y hábilmente comenzó a sumar respaldo político parlamentario que lo llevó a coordinar acciones con el parlamento.
Baja en la pobreza, aumento en los niveles de ocupación, justicia con los genocidas, relanzamiento del MERCOSUR, no al ALCA, conformación de la UNASUR, tensión y cancelación de la deuda al FMI, estatización de empresas devastadas en los 90, miles de obras públicas, afianzamiento del mercado interno, consumo popular, categorización ministerial de ciencia y tecnología, paritarias y negociación colectiva, fueron solo algunas medidas que hicieron ver al pueblo argentino que volvía un modelo que los podía representar.
La continuidad quedó en manos de la Compañera Cristina. Lucha contra los monopolios, Ley de servicios audiovisuales, Matrimonio igualitario, ASIGNACIÓN UNIVERSAL POR HIJO y sus posteriores extensiones, Programa Conectar igualdad, más reestatizaciones (AFJP, Aerolíneas, Fábrica Argentina de aviones, etc.), superación de la crisis internacional del 2008, lucha feroz contra los sectores de poder concentrados del campo, aumento del gasto público, mayor mercado interno y mayor consumo popular, mayor empleo, menor pobreza, etc., etc., etc.
Este cúmulo de políticas públicas, provocó una movilización de bases de sectores populares, medios y altos. Algunos a favor, otros en contra, pero indiscutiblemente, movilizó los aires políticos. Así, los jóvenes empezaron a operar nuevamente en todo el sistema político. Aunque algunos sectores intentaron minimizar esta realidad, el nefasto 27 de Octubre de 2010, mostró en el funeral de nuestro conductor político, el alto grado de participación juvenil. Miles y miles de jóvenes llorando lo que algunos pronosticaban como el final del modelo. Pero, como se explicó líneas arriba, nuestro conductor sabía que el trasvasamiento generacional era necesario para asegurar un modelo sostenido. Y los jóvenes supimos tomar la posta. La defensa del modelo se expresó en el nacimiento de miles y miles de Agrupaciones juveniles. La organización política celular, empieza a tejerse en una organización política corporal, y las dificultades que tiene la derecha y la izquierda de torcer esta realidad, se expresa en la débil oposición que conforman en las elecciones ejecutivas provinciales, y en las nulas probabilidades de llevar a la Presidenta a segunda vuelta en las elecciones de Octubre.
El proceso político de cambio Nacional y Popular, esté justamente en eso, EN PROCESO. Siguen existiendo estructuras con accionares liberales dentro del Estado, y siguen perdurando algunos modelos subnacionales. Pero, la fuerza irreversible que lleva a la juventud como uno de sus pulmones, asegurará que ese proceso sea irreversible, hasta llegar a cada rincón de nuestro país.
Por todo ello, desde nuestra Agrupación reclamamos, por medio del trabajo de formación y del trabajo territorial, la consolidación de espacios Nacionalistas en aquellos rincones de la Nación donde todavía padecemos sectarismo, rechazo e incomprensión, e indudablemente, la organización de ese espacio será la única seguridad de vencer el tiempo.
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